Lo único certero en la vida es que nacimos para ultimadamente morir. Cualquier idea, deseo o ambición del futuro es lo contrario a la muerte, totalmente incierto, sobre todo considerando que este momento puede aparecer en cualquier momento, sin previo aviso y frustar todas las expectativas del futuro. Entonces parece que dedicar energía extrema del presente para "asegurar" un futuro soñado, es ineficiente y altamento autobiocoteador.
En los últimos 4 años he experimentado muchísima incertidumbre. Mudarse a otro país al final de los 30 resulta ser una aventura retadora y llena de incógnitas sobre el futuro. Estudiar una nueva profesión, trae constantes preguntas sobre mi identidad. Encontrar sentido a enfermedades violentas de seres queridos, incluyendo una muerte por suicidio en el núcleo familiar, ponen en duda constante todo el "plan" de vida. Y así, incontables sucesos nos tratan de hacer caer en cuenta que rara vez nuestros planes se dan como los imaginamos, por lo contrario, vivimos en un sistema caótico, donde hacemos un esfuerzo constante de estar en balance. Nunca todo está bien.
El sufrimiento aflora con casi total seguridad, cuando nos ceñimos a una sola, estricta y perfecta historia de cómo las cosas tienen que darse para sentir placer, para estar bien, negando así la posibilidad y la libertad de ver y abrazar otros caminos. Un completo autoboicot.
Llevo cuatro años sin poder trabajar, mi visa americana de “dependiente” de mi esposo no me lo permite. Volcado a graduarme como psicólogo, no se ha sentido tan coartante, pero ahora a mis 41 y con título en mano, la historia que más he abrazado en los últimos tiempos ha sido depresiva.
Dejar todo en Costa Rica para encontrar la forma de superar todos los retos del “sueño pesadilla americano” me ha llevado a momentos muy oscuros, nublados por la necedad de ver solo unas pocas y rígidas formas de tener una vida rica aquí.
Inspirado por la belleza de la primavera en Seattle y el abrazo cargado de sabiduría de un Árbol Sequioa milenario en California, caí en cuenta, en media corrida por el barrio, que he estado viviendo mucho desde una sola perspectiva de esta temporada de mi vida, el lado de la carencia, de las limitantes, de la impotencia y por un breve momento caí en cuenta que hay uno más luminoso, colorido y motivante de esta historia: el lado de las oportunidad y la abundacia.
Vi el camino que he recorrido, la grandiosa oportunidad de expansión personal que ha sido esta temporada, reconociéndome paciente y determinado en esta transición. Sentí con todo mi ser mucha motivación, al ver todos los caminos que se pueden abrir para ser y hacer con libertad. Vi la abundancia de posibilidades y las abracé todas.
Los momentos nublados cederán a la claridad: paciencia
Todo surge para desaparecer: paciencia
Soltemos la rigidez de nuestras propias historias y abracemos la flexibilidad de fluir entre muchas, para ver si así logramos ese balance que, entre tanto caos, añoramos.
Y estemos listos para el siguiente episodio de desbalance que inevitablemente llegará.
“Feliz es sólo un momento,
no es un modo de vivir,
ni el significado de existir”
Milo J